Un estudio a gran escala en Suecia ha desafiado la creencia convencional de que el consumo de café es intrínsecamente perjudicial para el sueño. La investigación, que involucró a más de 25,000 adultos de mediana edad, encontró que el consumo habitual de café tiene una relación mínima y, a menudo, insignificante con la calidad del sueño autoinformada y la somnolencia diurna.
Publicado en la revista PLOS One, el estudio transversal analizó datos de 25,381 participantes de entre 50 y 64 años, procedentes del Swedish Cardiopulmonary Bioimage Study. Los investigadores examinaron los hábitos de consumo de café frente a una serie de métricas del sueño, incluyendo la duración, la calidad, así como problemas como la dificultad para conciliar el sueño o el despertar durante la noche. Los autores concluyeron que el vínculo entre la ingesta regular de café y los hábitos de sueño era mínimo, describiendo la correlación general con la somnolencia percibida como “insignificante”.
Si bien el estudio desvincula en gran medida el café del mal sueño, reveló algunas asociaciones complejas. Paradójicamente, una mayor ingesta de café se relacionó con una calidad de sueño autoinformada ligeramente mejor, menos dificultad para conciliar el sueño, además de un menor número de despertares tempranos. Por el contrario, también se asoció con una mayor frecuencia de ronquidos fuertes. No obstante, los investigadores enfatizaron que estos efectos eran menores en términos prácticos, ya que las diferencias estadísticas entre los bebedores de café empedernidos y los ligeros rara vez superaban unos pocos puntos porcentuales.